Lo que emerge de la tierra #2
Una película que se sigue procesando en la mente después de verla. Gritos y sangre brotan desde el centro del país.
Estoy yendo a un taller en una escuela de escritores de por acá, cerca del barrio. Es muy divertido, aunque también frustrante, porque te obligan a escribir sin parar las tres horas que dura la clase con ejercicios creativos muy raros. Por lo general, los resultados son impublicables, incoherentes, psiquiátricos. Otros zafan.
Quizás traiga algo de eso para las intros porque no sé cómo resolverlas.
En fin, estas semanas capté dos señales:
1
Hace poco fui a ver Nuestra Tierra de Lucrecia Martel. Me costó conseguir entradas porque las primeras semanas se estrenó a sala llena, así que tuve que esperar. Finalmente fui, había que verla.
Salí con una sensación agridulce, más tirando a triste, rumiando mucho sobre escenas, símbolos, el uso del sonido, las fotos y más. La película siguió haciendo su trabajo en mi mente después de terminar y me encanta cuando eso pasa. Compré un helado y me senté en el boulevard de la 9 de Julio, donde está ese arbusto con las letras BA. Alcé la vista al Obelisco, pensé en esta ciudad. Por varios motivos, personales y subjetivos, sentí que la película me hizo desromantizarla un poco.
Hoy traigo esta crónica muy personal de Fernanda Alarcón para La Vida Útil, una revista de crítica hecha por cineastas con una mirada a veces técnica, pero súper bajada a tierra. No pasa nada si la leés antes de ver el documental (el caso Chocobar fue muy mediático así que no hay spoilers). El texto aprovecha para traer de vuelta parte de la filmografía de Martel, porque es indispensable pensar en su mirada como una marca distintiva.
Una idea que me gustó: la película no busca explicar lo que pasó, sino implicarnos. Sobre la estética (reflejada en el poster y en la peli), verde flúor, drones, imágenes satelitales: rompe la costumbre de mirar lo originario como el pasado y lo convierte en una forma de abrir futuros posibles.
Hablando del póster, el encargado de hacerlo fue Alejandro Ros, mítico diseñador de las mejores tapas de rock nacional. En Instagram me crucé los diseños que le rechazaron y me parecen buenísimos todos.
Clave también esta crítica del divulgador Martin Peña en letterbox. En algún momento, si agarro valor, voy a ver Tire Dié, el documental que menciona ahí.
2
A veces me da pena no estar en Córdoba por todo lo que está pasando con la escena independiente. No es que se haya frenado la producción de música en la ciudad en algún momento, pero este último tiempo brotó con más fuerza. Puedo escuchar discos o EPs esté donde esté, pero recorrer el territorio es importante para formar mis propios sentidos e interpretaciones, por eso extraño a veces. Igual no puedo quejarme porque estoy haciendo exactamente eso acá…
La cosa es que en los últimos dos o tres años, en Córdoba emergió una escena que tiene mucho para decir y se manifiesta en bandas, discos y EPs, nuevos bares y venues, festivales. Muchas cosas pasando.
Entre otras cosas, también surgieron varias revistas culturales con gente que tiene ganas de escribir lo que está pasando. Una es Sangrando Sonidos, medio digital con una mirada profunda sobre la música de Córdoba, por momentos en clave literaria. Detrás hay un equipo de periodistas y comunicadores con mucha pasión. En las crónicas se nota que atraviesan algún tipo de proceso emocional. Brota sangre de verdad.
Y me gusta que pase eso porque por lo general siempre se registran las escenas con fotos increíbles y videos espectaculares de las bandas en acción, pero lo visual no alcanza. El aspecto narrativo es fundamental.
Hoy quiero traer la última nota de Fede Fritelli donde, para explicarlo mal y pronto, analiza las letras de la escena cordobesa –y un poco sobre la escena nacional también– como una forma de construir (y consolidar) a su propio público: su identidad, estética, intereses o búsquedas.
Esto me hizo acordar a un tema de un artista contemporáneo que habla de forma irreverente sobre la propia escena de la cual es parte. No sé si es exactamente el ejemplo de lo que Fede menciona, porque él dice que el arte se impone sobre la realidad social de la que emerge y no al revés, como creo que sucede en este caso:
La música de nicho que escuchás
Te hace sentir que sos tan especial
Y ahora que todos hablan de eso
Te colgaste una piedra en el cuello
A ver si se les ocurre de qué escena habla. Sí, se visten de negro. Sí, tapado largo, borcegos, pucho armado. Vinilos.
Igual mejor vayan a leer el texto de Sangrando Sonidos para que entiendan a lo que me refiero.
Por como va pintando la cosa, esto iría cada 15 días.
Gracias, chau.
B


Sos lo más bye
Hermoso Bel. La denseo mínimamente como siempre sobre la soberanía:
En esa estrofa de canción que compartís, que sin dudas tiene un causante muy claro al que el letrista está haciendo referencia (para mí el arte siempre está en relación con el medio, solo que no es una relación de subordinación), pienso que quizás se canalizan algunas maneras de ver a ese tipo de sujeto que critica que andan por ahí flotando dispersas, y si la canción es lo suficientemente escuchada, quizás eso a su vez produce efectos sobre ese mismo sujeto que, como rechazo, la inspiraba. Ahí estaría jugando la soberanía de la canción (además de inspirar tu análisis en la nota, tu uso de la estrofa, tu vinculación de eso con mi nota, la relación de mi nota con Martel, y así infinitamente). Siempre como un efecto potentísimo pero impredecible.
Eso, me dejó pensando, ojalá haya muchos más ensayos de este estilo 🙌🏻